La cerámica de Granada es uno de los ejemplos más reconocibles de la tradición cerámica española. Su origen está ligado a la convivencia de culturas cristianas y árabes, que dio lugar a técnicas decorativas y formas propias que, con el paso del tiempo, se han convertido en un símbolo de la ciudad.
Durante siglos fue una cerámica popular, pensada para el uso cotidiano, elaborada con piezas más gruesas y resistentes. Hoy, esa misma esencia se mantiene, pero reinterpretada como cerámica artesanal con carácter, historia y una identidad muy marcada.