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10 productos que huelen a verano en el pueblo

10 productos que huelen a verano en el pueblo

Hay veranos que no se olvidan. No por los viajes ni por las fotos, sino por su ritmo: lento, calmo, de siestas largas y meriendas eternas.

Los veranos de pueblo huelen distinto. A ropa tendida al sol, a tierra mojada, a colonia fresca, a jabón y a comida recién hecha. Y también están llenos de objetos que reconocemos casi sin pensar: un botijo con agua fresca, unas sandalias para ir a la plaza, la jarra en mitad de la mesa o las almendras garrapiñadas de las fiestas.

¿Qué productos tradicionales españoles nos recuerdan especialmente al verano?

La alfarería de barro, la cerámica, el vidrio soplado, el calzado artesanal, las vajillas de peltre o algunos dulces tradicionales forman parte de esa cultura cotidiana del verano en España. Muchos siguen elaborándose hoy mediante oficios artesanales vinculados a lugares concretos de nuestro país.

Y quizá eso sea lo que más nos gusta de ellos: que no son objetos del pasado, pero siguen sirviendo, siguen estando en nuestras casas, siguen acompañándonos en verano.

Cuando pienso en aquellos veranos de infancia, me viene a la cabeza la libertad más absoluta. Salir de casa después del desayuno y no volver hasta la hora de comer, con la cara sucia, las piernas llenas de polvo y el estómago rugiendo. La bici era nuestro pasaporte y el grupo de primos o amigos que solo veías durante unas semanas, tu familia de verano.

Nos perdíamos por caminos, hacíamos cabañas entre los matorrales, cambiábamos cromos y jugábamos al parchís bajo la parra. Alguno se escondía en el pajar para no ir a misa; otros acababan buscando renacuajos en la fuente.

El tiempo era otro. Más generoso, más nuestro. No sabíamos que estábamos viviendo algo que años después recordaríamos con tanto cariño. Solo estábamos viviendo.

Y aunque no podamos volver exactamente a aquel verano, hay objetos capaces de devolvernos durante un rato a aquella manera de estar en el mundo.

Estos son diez de nuestros favoritos.

1. Jabones tradicionales: una casa que huele a limpio

Hay un olor muy difícil de describir pero facilísimo de reconocer: el de una casa de pueblo recién ventilada por la mañana.

Las ventanas abiertas de par en par, las persianas todavía a medio bajar para que no entre el calor y, en el baño, una pastilla de jabón que lleva días perfumando la estancia.

Los jabones tradicionales son pastillas de jabón sólido que, además de utilizarse para el aseo, muchas veces han servido para perfumar baños, cajones y armarios. Lavanda, higo, azahar… aromas sencillos que asociamos inmediatamente con el olor a limpio.

Quizá por eso basta abrir uno para acordarse de otro baño, otra casa y otro verano.

[Descubrir los jabones tradicionales de Real Fábrica]

2. Colonia Palmaria: el frescor después de la ducha

Después de pasar la mañana fuera, pocas cosas sientan mejor que una ducha fresca. Y después, colonia.

La colonia Palmaria procede de Mallorca y tiene ese carácter fresco y mediterráneo que nos lleva inevitablemente al verano: piel limpia, ropa ligera y ese momento maravilloso en que todavía queda toda la tarde por delante.

Los olores tienen una memoria extraordinaria. A veces ni siquiera sabemos exactamente qué estamos recordando hasta que aparece una fragancia y, de repente, volvemos a estar allí, en aquella casa, en aquel verano.

[Descubrir la colonia Palmaria]

3. Sandalias artesanales: de la plaza a la fuente

En verano la vida ocurre mucho fuera de casa.

Se va andando a comprar el pan, a la plaza, a la piscina, a tomar algo o simplemente a ver quién anda por ahí. Por eso unas buenas sandalias acaban convirtiéndose casi en uniforme.

Las abarcas y otros tipos de calzado tradicional fabricados en España forman parte de esa manera sencilla de vestirse en verano: zapatos cómodos para caminar y repetir un día detrás de otro.

Porque si hay una cosa que uno aprende en el pueblo es que casi todo está lo suficientemente cerca como para ir andando.

Y tampoco hay tanta prisa.

[Descubrir las sandalias y el calzado artesanal]

4. Botijo de barro blanco de Agost: ¿cómo consigue mantener el agua fresca?

Pocas cosas dicen verano en España tan rápidamente como un botijo.

Un botijo es un recipiente de barro poroso utilizado tradicionalmente para conservar y beber agua fresca. Mucho antes de las botellas térmicas y las neveras portátiles, ya estaba ahí solucionando uno de los problemas más básicos del verano: el calor.

Estos botijos de Real Fábrica proceden de Agost, Alicante, uno de los focos tradicionales de alfarería de barro en España y especialmente conocido por su barro blanco.

Además, estrenar un botijo tiene su pequeño ritual.

Cómo curar un botijo antes de utilizarlo

Para quitar el posible sabor a barro y eliminar la arenilla de un botijo nuevo, la primera vez se llena de agua con un pequeño chorrito de anís y se deja reposar durante unas 48 horas. Después se vacía y queda listo para usar.

Nos gusta porque resume muy bien algo que encontramos constantemente cuando viajamos buscando artesanía: muchas veces alguien encontró hace siglos una solución sencillísima a un problema cotidiano y resulta que sigue funcionando.

Hace calor, tenemos sed, ¡pues bebamos agua fresca!

[Descubrir los botijos y el barro blanco de Agost]

5. Cerámica Tradicional Granadina: gazpacho con cuchara

Llega un momento en todas las mañanas de verano en que las calles empiezan a vaciarse.

Hace demasiado calor.

Y desde alguna casa alguien llama:

—¡A comer!

En la mesa esperan el gazpacho, una ensalada de tomates, la tortilla de patatas, unas aceitunas y lo que haya tocado preparar ese día.

La cerámica tradicional granadina es una cerámica popular con más de seis siglos de tradición, surgida del encuentro entre métodos de elaboración árabes y estilos cristianos. Hoy sus decoraciones forman parte de la identidad artesanal de Granada.

Platos, fuentes y cuencos que siguen teniendo exactamente la misma función para la que fueron creados: poner comida en el centro de una mesa y compartirla.

Eso nos interesa especialmente.

Porque conservar un oficio no consiste solamente en admirarlo. También consiste en seguir utilizando las cosas que ese oficio sabe hacer.

Y si dentro de la fuente hay una buena ensaladilla, pues mejor todavía.

[Descubrir la cerámica tradicional granadina]

6. Pastas de mantequilla: la merienda no se negocia

En verano se come a horas extrañas, se desayuna tarde, se alarga la sobremesa y, aun así, a media tarde siempre aparece alguien preguntando:

—¿Queréis merendar?

Las pastas de mantequilla de Espinosa de los Monteros tienen para nosotras algo de esas meriendas que no necesitan ninguna preparación especial.

Abrir la caja. Sacar unos platos. Café para unos, leche para otros. Y venga, una más.

Hay productos que no necesitan convertirse en un acontecimiento. Forman parte de los placeres pequeños y cotidianos que se repiten año tras año.

Y una merienda de verano es exactamente eso.

[Descubrir las pastas de mantequilla de Espinosa de los Monteros]

7. Peltre: una vajilla para comer fuera sin sufrir

La comida ha terminado, pero nadie parece tener demasiada intención de levantarse. Unos recogen. Otros sacan el café. Los niños ya han desaparecido otra vez.

Y hay platos que pueden quedarse tranquilamente encima de la mesa.

El peltre, nombre con el que comúnmente conocemos estas piezas de esmalte vitrificado, tiene una estructura metálica recubierta de esmalte. Es ligero y muy resistente, por eso resulta especialmente práctico para comer al aire libre, ir de camping, viajar en furgoneta o llevar al campo.

Con el uso, el esmalte puede presentar pequeños desconchones, pero la estructura metálica continúa cumpliendo su función.

A nosotras, de hecho, casi nos gusta más cuando se nota que ha vivido.

Porque hay objetos bonitos que uno trata con muchísimo cuidado y hay otros que son bonitos precisamente porque aguantan carros y carretas.

El peltre es de los segundos.

[Descubrir la colección de peltre]

8. Vidrio soplado mallorquín: por qué cada vaso es diferente

A media tarde solo hace falta una cosa en la mesa: una gran jarra de agua fría.

Si además está hecha a mano, todavía mejor.

El vidrio soplado artesanal se trabaja pieza a pieza mediante el soplado del vidrio caliente, por eso las pequeñas burbujas, irregularidades y asimetrías son características propias de su elaboración. No hay dos piezas exactamente iguales.

En Mallorca existe una larga tradición vinculada a este oficio. Los artesanos con los que trabajamos en Real Fábrica recogen además semanalmente vidrio procedente de hoteles de la isla para reciclarlo y convertirlo en nuevas piezas.

Jarras, vasos, botellas, aceiteras...

Vidrio que ya tuvo una vida y vuelve a la mesa convertido en otra cosa.

Nos parece una manera especialmente bonita de entender la artesanía: un oficio tradicional que no permanece congelado en el tiempo, sino que sigue encontrando formas de tener sentido hoy.

[Descubrir el vidrio soplado mallorquín]

9. Tabla de madera de olivo: empieza el aperitivo

Cuando por fin baja un poco el calor llega otra de las grandes instituciones del verano: el aperitivo.

No hace falta complicarlo demasiado. Queso, embutido, pan, aceitunas, tomate. Algo fresco para beber y una mesa alrededor de la que va apareciendo gente.

Las tablas de madera de olivo de Real Fábrica las realiza Pablo en Quiroga, Lugo.

Y hay algo especialmente bonito en ellas: cada tabla es diferente porque cada trozo de madera de olivo tiene sus propias vetas. El material acaba decidiendo buena parte del aspecto final de la pieza.

Nos gustan para cortar, servir y llevar directamente a la mesa, sin demasiados ceremoniales.

Objetos hechos para usar, que es como creemos que deberían ser casi todas las cosas bonitas.

[Descubrir las tablas de madera de olivo]

10. Almendras garrapiñadas: esta noche hay verbena

Y cuando cae el sol, el pueblo cambia. Se encienden las luces de la plaza. Alguien empieza a colocar sillas. Aparecen niños recién duchados corriendo de un lado para otro y los mayores dicen que van «un rato», aunque todos sabemos cómo terminan esas cosas.

Las fiestas patronales, ferias y verbenas también forman parte del verano en muchos pueblos de España. Y con ellas llegan sabores que reconocemos inmediatamente.

Entre ellos, las almendras garrapiñadas, almendras recubiertas de una capa caramelizada de azúcar.

Las que tenemos en Real Fábrica proceden de Briviesca, Burgos, y las elabora una casa fundada en 1845, una de las más antiguas de España que continúa en activo elaborándolas.

Nos parecía que tenían que estar aquí porque el verano en el pueblo no es solo silencio, siesta y caminos de tierra.

También es música que se escucha desde la otra punta del pueblo, mesas en la calle y ese momento en que alguien dice:

—Venga, una última y nos vamos.

Y nadie se va.

[Descubrir las almendras garrapiñadas]

Artesanía española y objetos de toda la vida que siguen teniendo sentido

Un botijo de Agost, una fuente de cerámica granadina, una tabla de olivo hecha en Galicia o una jarra de vidrio soplado en Mallorca parecen objetos muy diferentes.

Pero tienen algo importante en común.

Todos forman parte de la cultura material y los oficios tradicionales de España: objetos nacidos para resolver necesidades cotidianas como beber, comer, caminar, lavarse, conservar o compartir.

Y muchos continúan haciéndose hoy.

Eso es quizá lo que más nos interesa en Real Fábrica cuando hablamos de tradición. No queremos convertir estos objetos en piezas de museo ni vivir permanentemente mirando hacia atrás.

La mejor manera de conservar un oficio es que aquello que fabrica siga teniendo un lugar en nuestra vida.

  • Poner el gazpacho en una fuente de cerámica.
  • Beber agua de un botijo.
  • Sacar unas almendras en las fiestas.
  • Poner una jarra de vidrio en mitad de la mesa.
  • Usar las cosas.

El verano más nuestro

Quizá por eso los objetos consiguen despertar tantos recuerdos.

No porque aquel pasado fuera necesariamente mejor, sino porque algunas cosas que hacíamos entonces todavía tienen bastante sentido.

Comprar cosas buenas. Cuidarlas. Sentarnos juntos. Comer despacio. Caminar. Salir a la calle cuando baja el calor. Dejar pasar una tarde sin mirar demasiado el reloj.

No podemos volver exactamente a aquellos veranos, pero sí podemos conservar algunas de las cosas que aprendimos en ellos y quizá este verano podamos recuperar alguna.

Aunque solo sea llenar el botijo, sentarnos fuera y dejar que pase la tarde.

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Real Fábrica es un proyecto nacido para reivindicar lo nuestro: lo bien hecho, lo que tiene historia y alma. Recorremos España en busca de productos tradicionales, de esos que huelen a infancia, a pueblo, a sobremesa larga. Puedes descubrir nuestras piezas en la tienda online, leer las historias que contamos en el blog y unirte a nuestra comunidad suscribiéndote a la newsletter.
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