Las abarcas nacen en Menorca como un calzado de trabajo, pensado para soportar el calor, el uso intensivo y los terrenos irregulares.
Durante siglos han formado parte de la vida cotidiana de la isla. Con el tiempo, han pasado del ámbito rural a convertirse en un básico del verano, manteniendo su diseño original prácticamente intacto.
También se conocen como abarcas, avarcas o menorquinas.