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Origen del Roscón de Reyes: de la antigua Roma a nuestras mesas

Origen del Roscón de Reyes: de la antigua Roma a nuestras mesas

Hay olores que lo dicen todo sin necesidad de palabras. Basta con abrir la caja del roscón y que el aroma del agua de azahar se extienda por la cocina para que sepamos que la Navidad está dando sus últimos coletazos, y que los Reyes están a punto de llegar. A veces ni hace falta probarlo: ese olor ya nos lleva a otros inviernos, a meriendas en familia, a risas con la boca llena y al juego de adivinar quién se va a encontrar la sorpresa este año.

Pero lo que muchos no saben es que el roscón tiene más de dos mil años de historia. Antes de que llegaran los Reyes Magos, ya había una tradición muy parecida… y su origen nos lleva directamente a la Antigua Roma.

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Las Saturnales romanas: la fiesta del haba y el pueblo

Durante el solsticio de invierno, los romanos celebraban las Saturnales, unas fiestas donde todo se ponía patas arriba. Se rompían las jerarquías sociales por unos días, se compartían banquetes, y se repartían tortas redondas —parecidas al roscón— con un haba escondida en su interior. Quien encontraba el haba, era nombrado “rey de la fiesta”, aunque fuera un esclavo.

Aquel pequeño gesto escondía algo muy grande: una forma de recordar que todos merecemos un día de alegría, de celebración y de juego.

Del “gâteau des rois” al roscón español

La tradición del haba viajó a través de los siglos y las fronteras. En la Edad Media, en Francia, se instauró el famoso gâteau des rois, una torta con forma de corona, que escondía el mismo juego: haba, sorpresa y celebración. Fue probablemente en tiempos de los Borbones cuando esta costumbre cruzó los Pirineos y llegó a la corte española.

Ya en el siglo XIX encontramos referencias al roscón en Madrid y en otras ciudades, aunque entonces no llevaba relleno. Era una masa esponjosa, con frutas escarchadas —que simbolizaban las joyas del roscón— y siempre, siempre, el haba escondida.

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El haba y la figurita

Con el tiempo, el juego fue creciendo. Al haba se le sumó una figurita, que pasó a ser el símbolo de la buena suerte. Y claro, ahí empezaron los pequeños piques: si te tocaba la figura, buena noticia. Pero si te tocaba el haba… tocaba pagar el roscón del año siguiente.

Cada familia lo celebra a su manera. En algunas casas se guardan las figuras como si fueran pequeños tesoros. En otras se ríen del que tiene que pagar. Y en todas, se repite ese pequeño ritual de cortar con cuidado, repartir las porciones y esperar el “¡me ha tocado!”

Agua de azahar: el alma del roscón

Si hay un ingrediente que le da alma al roscón, es sin duda el agua de azahar. Ese perfume suave y floral, que huele a infancia y a cosas bien hechas. No es un añadido cualquiera: es lo que convierte a una masa en una tradición.

En Real Fábrica tenemos la suerte de contar con uno de los mejores: el agua de azahar Luca de Tena, elaborado con paciencia y tradición en Sevilla. Es el secreto de muchos de vuestros roscones caseros, y también el mío.
Puedes encontrarlo aquí: Agua de Azahar Luca de Tena

Hoy, con chocolate y familia

Hoy el roscón se toma con nata, con trufa, con chocolate caliente o simplemente solo. Pero lo que nunca cambia es la emoción que trae consigo. Porque no es solo un dulce: es un símbolo de lo compartido, de lo que se espera con ilusión y se celebra en compañía.

Yo no concibo un 6 de enero sin esa mesa llena, sin el mantel bonito, sin la charla pausada y sin ese olor inconfundible que lo impregna todo.

Un final que siempre vuelve

Cada roscón marca un final… y un principio. Es el broche dulce de la Navidad y, al mismo tiempo, el comienzo de un nuevo año que nos invita a seguir celebrando lo auténtico. Como siempre decimos por aquí: lo que se hace con calma, con historia y con alma… deja un sabor que perdura.

Feliz Día de Reyes. Que os toque la figurita, o el haba si hace falta… pero sobre todo, que os toque un momento bonito para recordar.

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